Ant. SOY ANTROPOCUARIO.

Hay una definición muy interesante en un libro de John Michell «Introducción a la Astroarqueología» (Un libro que habla sobre la relación astronómica y las construcciones sagradas de la antigüedad) sobre los anticuarios que dice:
«Anticuario es, en ese sentido, aquél que busca el conocimiento de la historia antigua fuera de los parámetros académicos.» 

Y en efecto, aunque de una lengua a otra, el término equivalente puede tener matices diferentes, lo cierto es que la definición castellana de Anticuario como: Persona que tiene una tienda de antigüedades, experta también en dichas cosas, podría ampliarse añadiendo ese matiz de: "Formalmente y por su propia cuenta".

Siempre he pensado que titularse en una universidad (hablando de universidad como un centro de aprendizaje de alto rango) no es una plena garantía de conocimiento: Primero por que muchos estudiantes no tienen una pasión por la materia que están estudiando, lo estudian por estudiar, por adquirir estatus, no por conocimiento; Segundo por que puede haber una metodología errónea impartida, en la cual la universidad (como empresa) busca buenas estadísticas (que no resultados), vendiendo el aprendizaje a favor de subvenciones o una alta tasa de ingresos (matriculas, asignaturas, titulaciones...etc) abandonando al alumno a su suerte tras extraerles su "jugo"; Tercero por que la teoría en vigor impartida, puede ser errónea, lo cual conlleva a que cientos de personas son adoctrinadas en esa teoría, inculcándoles que dicha teoría siempre será así de inamovible, provocando que esos cientos de estudiantes dirijan su vida, estudios y trabajos en base a ello, con el posterior resultado la confrontación, negación y anulación de los nuevos descubrimientos teóricos que rebaten por completo la anterior teoría y por consiguiente todo lo que ha sido su vida.

En mi caso particular, siempre he sido de mente inquieta y analítica. Quise estudiar, y estudié. Pero debido a la falta de medios económicos y a los factores anteriormente descritos, hizo que no me titulara en la universidad. Así que estudie por mi cuenta. He leído movido por el interés y la curiosidad innata, cientos de libros al respecto, con la suerte de no centrarme exhaustivamente en un determinado campo o autor, obteniendo así, una concepción bastante holista, como las varillas que se despliegan de un abanico, del mundo humano.

Quiero ser antropólogo. Soy antropólogo. El comportamiento del ser humano y sus relaciones (hacia sus familiares, sus vecinos, los "bárbaros" (refiriéndome a "los otros"), hacia su entorno, hacia su historia, sus antepasados, hacia la divinidad...etc.) siempre me ha fascinado, quizá debido a mi asexualidad y cierta misantropía, por la cual no llego a entender determinados comportamientos que según mi lógica no tienen sentido o no eran esperados. También el ámbito artístico-artesanal en el que se elige un lenguaje, un simbolismo o una elección para realizar un diseño, como respuesta a una necesidad, me cautiva. 

No me considero un ser de suprema sabiduría irrebatible, no he caído en esa trampa y de hecho lo evito a toda costa. El autoconocimiento me ha llevado a darme cuenta del ciclo cambiante de las cosas y a desarrollar humildad ante el conocimiento (Uno no puede aprender, a menos de que reconozca a un Maestro-Superior). La soberbia, como la dosis sobrepasante, es un veneno para el saber. Pero también seria erróneo, considerarme un completo ignorante en la materia (La humildad lleva una tijeras, para cortar las alas, en las manos). Mi dilema reside en ese ínterin: Soy, pero no soy.

La Definición es la potestad del lenguaje. Es por ello que la capacidad de definirse es muy importante. Cuando uno no es capaz de hacerlo, se produce la crisis. -¿Y tú que eres?¿A que te dedicas?- Me dicen. -Entre otras, soy antropólogo- Respondo, a lo cual responden -¿En que universidad estudiaste?-. Y es entonces cuando entra el conflicto: Por que decir que no estudié en la universidad define que no tengo conocimientos serios en la materia, como si el estudio antropológico no me lo tomase en serio, como quisiera ir de algo importante, cuando no lo soy. Por otro lado, tampoco me interesa vincularme con el mundo académico, me interesa tener ese matiz diferenciador de: no he estudiado de forma académica, soy autodidacta.

Es entonces cuando resuelvo a decir «Antropólogo en proceso» o cosas así, sin llegar a resolver totalmente ese significado de: «Estudio Antropología por cuenta propia, tomándomelo muy enserio, a través de una metodología libre e inquisitiva, sin ser reconocido por una entidad estatal, aunque poseo amplios conocimientos en la materia". Quizás el término «Investigador Antropólogo» es el más acertado. (Interesante es, que aunque académicamente esa «libre instrucción» no es reconocida plenamente, muchas de las materias y conocimientos que se estudian en las universidades y entidades afines, tengan su origen en personas con esa libre instrucción. Se abre entonces un debate sobre el rango y el estatus, sobre la clase y quien debe arrodillarse ante quien).

Así que cuando me encuentro con la definición de John Michell sobre los anticuarios, en mi cabeza se extiende una rama que conecta el significado necesario con el termino buscado, y surge en mí la palabra: Antropocuario, como definición de un investigador por cuenta propia de la Antropología. Como una persona formal, ajena en gran parte al ámbito académico (Por que la necesidad de saber lleva a lugares de conocimiento) Instruida en la materia, cuya opinión e investigación ha de ser considerada. Como una aclaración de la metodología seguida y de su persecución del saber, no de un estatus.

Del griego ἄνθρωπος ánthrōpos, «Persona humana»,
y (cu)-arius/-aria/-arium, «relación o pertenencia».

Diferentes caminos nos llevan a un mismo lugar: hay quien elige el camino directo que desbroza bosques, horada montañas y asfalta los baches, haciendo que llegue el primero; Hay quien toma un medio de transporte que se encargue del trabajo arduo y anuncie su llegada, siendo el segundo; Hay quien se confunde de camino y acaba llegando a un sitio asegurando hasta el fin de sus días, que aquel sitio es el lugar; Hay quien marcha por el camino de los lugareños, sinuoso y de tierra, que atraviesa bosques y que escala montañas. Que le prepara a su llegada. Que pasa por puntos claves para esos lugareños que  en ningún mapa salen, sin importarle ser el primero o el segundo, el que dirán o la medalla que obtenga, llegando por ello tarde, pero ¡Que bien llega!.

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